El arquero prepara su flecha hacia la presa: gacela agazapada en el rincón de unas cobijas.
Una sirena eterna (XII)
Esa noche en que los médicos miraban en silencio el plenilunio, un canto emergió del cenote, una voz milenaria de escamas enloqueció a los hombres. Los que tuvieron suerte son esos sordos que caminan con un arco en la mano.
Fuente: digitalplural.com.mx