Esta sin arrogancia no ha reclamado nunca mi soledad vencida. Ni esa que extraviada en los jardines puede olvidar el sitio de cada mano, ni…
Mamá persigue…
Mamá persigue, es el juego.
Al final del corredor la pared nos detiene.
Se adelanta el instante desde lo asegurado:
llega el abrazo, mimoso.
La mano izquierda sobre su pecho firme, pequeño
bajo un pañuelo de pico.
Su cuello huele a árbol de té. Corre una gota
de sudor hacia el hombro
izquierdo. Se hace oscura
en el halo forzoso del padre; deja dicho
cuerpo ese día en los años
antes de marchitarse.
Tan pequeño,
ya sé que volverá.
La pared huele a hueso,
nunca se ha ido ese olor.
Al final del corredor la pared nos detiene.
Se adelanta el instante desde lo asegurado:
llega el abrazo, mimoso.
La mano izquierda sobre su pecho firme, pequeño
bajo un pañuelo de pico.
Su cuello huele a árbol de té. Corre una gota
de sudor hacia el hombro
izquierdo. Se hace oscura
en el halo forzoso del padre; deja dicho
cuerpo ese día en los años
antes de marchitarse.
Tan pequeño,
ya sé que volverá.
La pared huele a hueso,
nunca se ha ido ese olor.
Fuente: digitalplural.com.mx