Antes de meter la cabeza en el horno de gas te conocí una tarde en que cortabas leñas menudas para encender el fuego en el…
La Zarza de Moisés (El anti-ciprés)
Una vez planté un ciprés.
De mi tamaño.
Verja le dí, no tapia.
Agua y luz.
Malvarrosa cobijo en las adelfas
y sobre el ficus verde compañía.
Lo ví crecer
llamado a ser más alto
que mis generaciones,
varón y hembra a la vez
capaz de autoengendrarse.
Le ví mirarme
por las rendijas de la luna enorme,
en solitaria noche descampado,
y abrazarse a mi cuerpo como enjuto
perro de caza anclado en sus raíces.
Nacidos juntos y a la vez diversos
ninguna muerte iluminó su sombra
ni fundaron en él los cuerpos nido.
Me dio lo que le dí:
origen y conciencia de la belleza arbórea.
Era un ciprés para la vida.
De mi tamaño.
Verja le dí, no tapia.
Agua y luz.
Malvarrosa cobijo en las adelfas
y sobre el ficus verde compañía.
Lo ví crecer
llamado a ser más alto
que mis generaciones,
varón y hembra a la vez
capaz de autoengendrarse.
Le ví mirarme
por las rendijas de la luna enorme,
en solitaria noche descampado,
y abrazarse a mi cuerpo como enjuto
perro de caza anclado en sus raíces.
Nacidos juntos y a la vez diversos
ninguna muerte iluminó su sombra
ni fundaron en él los cuerpos nido.
Me dio lo que le dí:
origen y conciencia de la belleza arbórea.
Era un ciprés para la vida.
Fuente: digitalplural.com.mx