He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura, famélicos, histéricos, desnudos.» Allen Ginsberg Ese de cuya sangre emerge la condena, el…
Genealogía de la hembra
Yo, que fuera tu Agar, la esclava,
y fuera Jezabel,
arrojada a los perros de la noche
y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos-
y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos
y, aún, fuera Judith,
rozando esos cabellos de Holofernes,
y Salomé, bailando sin descanso;
y me tomaras una y otra y cien mil veces,
gritando:
Oh, Jericó
-al golpe clamoroso y tu trompeta
no se extinguiera nunca-.
Tú, que fueras, en mi profunda cueva del amor,
el dolor hecho carne
y coito entre los hombres.
y fuera Jezabel,
arrojada a los perros de la noche
y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos-
y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos
y, aún, fuera Judith,
rozando esos cabellos de Holofernes,
y Salomé, bailando sin descanso;
y me tomaras una y otra y cien mil veces,
gritando:
Oh, Jericó
-al golpe clamoroso y tu trompeta
no se extinguiera nunca-.
Tú, que fueras, en mi profunda cueva del amor,
el dolor hecho carne
y coito entre los hombres.
Fuente: digitalplural.com.mx