Ahora (que, renacida, miro todo y espero de tu cuerpo la esperanza -la mano que se abisma en la labranza de renacer del agua tanto…
Genealogía de la hembra
Yo, que fuera tu Agar, la esclava,
y fuera Jezabel,
arrojada a los perros de la noche
y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos-
y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos
y, aún, fuera Judith,
rozando esos cabellos de Holofernes,
y Salomé, bailando sin descanso;
y me tomaras una y otra y cien mil veces,
gritando:
Oh, Jericó
-al golpe clamoroso y tu trompeta
no se extinguiera nunca-.
Tú, que fueras, en mi profunda cueva del amor,
el dolor hecho carne
y coito entre los hombres.
y fuera Jezabel,
arrojada a los perros de la noche
y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos-
y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos
y, aún, fuera Judith,
rozando esos cabellos de Holofernes,
y Salomé, bailando sin descanso;
y me tomaras una y otra y cien mil veces,
gritando:
Oh, Jericó
-al golpe clamoroso y tu trompeta
no se extinguiera nunca-.
Tú, que fueras, en mi profunda cueva del amor,
el dolor hecho carne
y coito entre los hombres.
Fuente: digitalplural.com.mx