Ciertos andares levemente hombrunos; un diente que ahí está descolocado; la nariz regordeta, o bien, alzado su arco un poco más de lo que algunos…
Venus de Cnido
Las manos de la diosa
no prodigan
calor.
Vale mil veces
más la humilde ternura de esas otras,
comunes y encontradas
en la noche del puerto,
que toda la destreza de Praxíteles.
no prodigan
calor.
Vale mil veces
más la humilde ternura de esas otras,
comunes y encontradas
en la noche del puerto,
que toda la destreza de Praxíteles.
Fuente: digitalplural.com.mx