Tendré que volverme de regreso, reclamando nada... Y las vides se agostan en mis brazos, y los pámpanos marchitos se aferran a mis pechos. Y…
Soy yo
Amor,
soy yo quien maduró tu piel
y robó guirnaldas
para trenzar con ellas
tu cabello;
quien dibujó abiertas rosas
en tus alongadas mejillas
y arrancó trémulos gorjeos
en tu asentado silencio.
Soy yo quien, con andariegas manos,
aprendió la suavísima geografía
de tu costado;
quien inundó tu boca
con la húmeda caricia,
y el vino de la tarde
escanció en tus aposentos;
y te habitó de alondras.
Soy yo quien, como enredadera,
por las dóricas columnas
de tus diamantinos muslos
trepó enardecido
buscando tu inocencia.
Y se adentró en tu carne,
como aguijón doliente,
mordiendo tu cintura.
Amor,
soy yo quien a tu lado aguarda,
de tu vientre,
la lenta floración de la semilla.
soy yo quien maduró tu piel
y robó guirnaldas
para trenzar con ellas
tu cabello;
quien dibujó abiertas rosas
en tus alongadas mejillas
y arrancó trémulos gorjeos
en tu asentado silencio.
Soy yo quien, con andariegas manos,
aprendió la suavísima geografía
de tu costado;
quien inundó tu boca
con la húmeda caricia,
y el vino de la tarde
escanció en tus aposentos;
y te habitó de alondras.
Soy yo quien, como enredadera,
por las dóricas columnas
de tus diamantinos muslos
trepó enardecido
buscando tu inocencia.
Y se adentró en tu carne,
como aguijón doliente,
mordiendo tu cintura.
Amor,
soy yo quien a tu lado aguarda,
de tu vientre,
la lenta floración de la semilla.
Fuente: digitalplural.com.mx