Si cierro la ventana, si la helada penumbra enciendo de esta estancia, el otoño, la quejumbre amarilla de la tarde, la dulce llovizna con que…
Zona catastrófica
No toleran los dioses la felicidad
de los hombres. Perversos,
sin duda, bienestar, placer o dicha,
que el orden contravienen
o desafían la espada
o arrancan a los astros sus secretos designios,
porque son como antorchas
e incendian los templos,
hurtándose al arbitrio del resplandor que ciega.
Penumbra y vituperio,
envuelvan la insolente casta del albedrío;
sólo llanto merezca la fiebre del audaz
y no encuentre reposo entre vivos ni muertos
quien osó sostener la mirada a la luz.
Y mientras al dolor el arúspice invoca
y bendice al sumiso y al triste agasaja,
niega la tierra el fruto que el cielo ha aniquilado,
retumban los sillares al galopar asirio
y adviene de las lágrimas el reino,
begin to begin
.
de los hombres. Perversos,
sin duda, bienestar, placer o dicha,
que el orden contravienen
o desafían la espada
o arrancan a los astros sus secretos designios,
porque son como antorchas
e incendian los templos,
hurtándose al arbitrio del resplandor que ciega.
Penumbra y vituperio,
envuelvan la insolente casta del albedrío;
sólo llanto merezca la fiebre del audaz
y no encuentre reposo entre vivos ni muertos
quien osó sostener la mirada a la luz.
Y mientras al dolor el arúspice invoca
y bendice al sumiso y al triste agasaja,
niega la tierra el fruto que el cielo ha aniquilado,
retumban los sillares al galopar asirio
y adviene de las lágrimas el reino,
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Fuente: digitalplural.com.mx