a A. Rimbaud Rigor de esta ciencia rara que en relámpago indiviso del infierno al paraíso quiebra el color de mi cara. Que ya no…
Tiempo II (X)
¿Cuándo la rosa concibió este frío?
¿Cuándo esta leve sombra cazadora
afinó en mi garganta su rudeza
y me detuvo en la canción que llora?
¿Cuándo nació la pálida maleza
que enturbia el goce de su pulcra aurora?
¿Cuándo perdí su celestial privanza,
de sangre a sangre el nudo y la alabanza?
En vano retrocedo en la espesura
de rosa y brisa que en el canto sumo.
En vano desenvuelvo mis raíces
y asir mis ojos otra vez presumo.
Rosas como encendidas cicatrices
en sus intactas muertes hosco asumo,
y en dócil sucesión de aroma y fuego
el presente fantasma adoro y niego.
Llaga mi boca el inocente nombre,
con ambiguas arenas me aridece.
Y es ella, es ella la escultura briosa
que en mi lágrima fuga y comparece;
la misma que en hondura sigilosa
de las muertas praderas resplandece,
la rosa, rosa y rosa desmedida
cubriendo el mar y el agro en tarda huida.
El rumor de la nieve arruga el aire
y el aliento suavísimo encristala.
Crueles disfraces urden sus tesoros:
se quiebra en antro, se encabrita en ala,
o en brusca selva de volubles oros
dondoe borrado ya, mi pie resbala,
y preso inerme del feroz hechizo,
en ceniciento espacio me deslizo.
¿Cuándo esta leve sombra cazadora
afinó en mi garganta su rudeza
y me detuvo en la canción que llora?
¿Cuándo nació la pálida maleza
que enturbia el goce de su pulcra aurora?
¿Cuándo perdí su celestial privanza,
de sangre a sangre el nudo y la alabanza?
En vano retrocedo en la espesura
de rosa y brisa que en el canto sumo.
En vano desenvuelvo mis raíces
y asir mis ojos otra vez presumo.
Rosas como encendidas cicatrices
en sus intactas muertes hosco asumo,
y en dócil sucesión de aroma y fuego
el presente fantasma adoro y niego.
Llaga mi boca el inocente nombre,
con ambiguas arenas me aridece.
Y es ella, es ella la escultura briosa
que en mi lágrima fuga y comparece;
la misma que en hondura sigilosa
de las muertas praderas resplandece,
la rosa, rosa y rosa desmedida
cubriendo el mar y el agro en tarda huida.
El rumor de la nieve arruga el aire
y el aliento suavísimo encristala.
Crueles disfraces urden sus tesoros:
se quiebra en antro, se encabrita en ala,
o en brusca selva de volubles oros
dondoe borrado ya, mi pie resbala,
y preso inerme del feroz hechizo,
en ceniciento espacio me deslizo.
Fuente: digitalplural.com.mx