Al crepúsculo de la última edad de hielo quise ir lejos de los límites, y reunir la quietud, lo pacífico en la soledad de un…
Shukaku II
Ni dalias, ni cactus,
ni avellanos. Ni el aroma del ciprés.
Tampoco la frescura del álamo.
Sólo
silbos de pájaros cordiales, alturas
vegetales que oran en silencio
y huellas de seres distantes como
barcos.
Ahí, padres,
hubo la aritmética del mar,
la astrología del miedo
y bramidos de guerra en la telegrafía
irremediable de la noche.
Un faro baliza
el regreso imposible del yagán.
ni avellanos. Ni el aroma del ciprés.
Tampoco la frescura del álamo.
Sólo
silbos de pájaros cordiales, alturas
vegetales que oran en silencio
y huellas de seres distantes como
barcos.
Ahí, padres,
hubo la aritmética del mar,
la astrología del miedo
y bramidos de guerra en la telegrafía
irremediable de la noche.
Un faro baliza
el regreso imposible del yagán.
Fuente: digitalplural.com.mx