Estoy solo. Palabras, apenas, me acompañan, Su sonido crepita en mi interior como ascuas de memoria que cuentan la falsedad de los verbos que alguien…
Pantín
Te gustaba sentarte sobre una roca. Apoyabas el pecho
sobre las rodillas y te cubrías
del azul ilimitado del océano. Luego,
te dejabas navegar como bote a la deriva.
En silencio observábamos
el tránsito inseguro de los barcos de pesca
que se alejaban con lentitud
de la costa de Cedeira.
Tardábamos horas en regresar a nosotros.
Bandadas de gaviotas surcaban nuestras cabezas
y en el vuelo de sus alas
nos dejábamos soñar por su lenguaje.
Han pasado los años y la espuma de nuestros mares
ya duerme en la latitud de lo perdido,
pero a veces sucede que al mirarnos
sentimos un rumor de caracolas
y el espumoso cosquilleo
de sabernos agua.
sobre las rodillas y te cubrías
del azul ilimitado del océano. Luego,
te dejabas navegar como bote a la deriva.
En silencio observábamos
el tránsito inseguro de los barcos de pesca
que se alejaban con lentitud
de la costa de Cedeira.
Tardábamos horas en regresar a nosotros.
Bandadas de gaviotas surcaban nuestras cabezas
y en el vuelo de sus alas
nos dejábamos soñar por su lenguaje.
Han pasado los años y la espuma de nuestros mares
ya duerme en la latitud de lo perdido,
pero a veces sucede que al mirarnos
sentimos un rumor de caracolas
y el espumoso cosquilleo
de sabernos agua.
Fuente: digitalplural.com.mx