Las olas que vinieron a morir a mis pies cada verano, desde mil novecientos cuarenta y seis. El cigarrillo roto del cenicero azul. Mi mano…
Lentas naves anónimas
Con la tarde
se alejan
hacia lugares últimos
solemnes
lentas naves anónimas
que guardan
esa misma certeza
ineludible
de los astros
inmunes
y la muerte. La desnuda fragancia
del íntimo crepúsculo, en las tardes
dolientes del jardín (nunca lo olvides),
se debe, más que nada,
a que un hombre vulgar
puso, en su día,
el necesario estiércol.
se alejan
hacia lugares últimos
solemnes
lentas naves anónimas
que guardan
esa misma certeza
ineludible
de los astros
inmunes
y la muerte. La desnuda fragancia
del íntimo crepúsculo, en las tardes
dolientes del jardín (nunca lo olvides),
se debe, más que nada,
a que un hombre vulgar
puso, en su día,
el necesario estiércol.
Fuente: digitalplural.com.mx