Recuerdo una mañana cuando después del goce de soltero caminaba en el campo recorriendo tu cuerpo Aquella noche, apagada la sed, bebimos vino dulce.
La patria
No pierdas el tiempo buscando la patria.
El dinero no la requiere y su lengua es usura.
La patria es el habla que heredaste
y las pobres historias que conserva.
Tu abuela, en el zaguán, ciega ya la memoria,
meciendo los años de sufrimiento y desdichas.
Tu madre, entristeciendo de melancolía y pavor,
Limbania, vigilando en prolongados silencios
los rumbos de su hermana,
tu tío, atado a la tierra que habíale regalado,
en plena juventud,
diez memorables sonetos
y Elisa,
sazonando el espíritu del capón,
hirviendo las aguas de aromas,
viéndote crecer como un desconocido.
La patria es también el vasto imperio de tu idioma
y la música de aquellos que la pensaron con amor.
Tu patria son las verbales
y pequeñas batallas de Bolívar,
la culpa, el frío y el hambre de Vallejo,
Neruda y su infinita colección de nombres y cosas,
Los juegos memorables y eternos de tu maestro Borges
y un laberinto de sangre llamado Macondo.
Tu patria serán los libros que des a la tierra
y la felicidad que depares al lector.
No pierdas el tiempo buscando la patria,
la llevas contigo.
Con ella morirás sin haberla pisado.
La patria son un hombre, una mujer
y la lengua que hablan.
El dinero no la requiere y su lengua es usura.
La patria es el habla que heredaste
y las pobres historias que conserva.
Tu abuela, en el zaguán, ciega ya la memoria,
meciendo los años de sufrimiento y desdichas.
Tu madre, entristeciendo de melancolía y pavor,
Limbania, vigilando en prolongados silencios
los rumbos de su hermana,
tu tío, atado a la tierra que habíale regalado,
en plena juventud,
diez memorables sonetos
y Elisa,
sazonando el espíritu del capón,
hirviendo las aguas de aromas,
viéndote crecer como un desconocido.
La patria es también el vasto imperio de tu idioma
y la música de aquellos que la pensaron con amor.
Tu patria son las verbales
y pequeñas batallas de Bolívar,
la culpa, el frío y el hambre de Vallejo,
Neruda y su infinita colección de nombres y cosas,
Los juegos memorables y eternos de tu maestro Borges
y un laberinto de sangre llamado Macondo.
Tu patria serán los libros que des a la tierra
y la felicidad que depares al lector.
No pierdas el tiempo buscando la patria,
la llevas contigo.
Con ella morirás sin haberla pisado.
La patria son un hombre, una mujer
y la lengua que hablan.
Fuente: digitalplural.com.mx