Ya los músicos ciegos, con su salmodia oscura, cruzan lentos la Puerta del Leproso. El estuco dudoso de la tarde se enfría en las copas…
La memoria, ese alcázar (II)
La hora de los rabeles y los gatos, antiguos
y silentes guardianes de las puertas del templo.
Golpeas con una aldaba la entrada transparente
del tiempo. Igual que un sátrapa poderoso y altivo,
subes a los adarves para ver acercarse,
desde los arenales suaves del horizonte,
al mercader oscuro con la noche en los ojos.
Las lentas caravanas con los cedros del Líbano.
y silentes guardianes de las puertas del templo.
Golpeas con una aldaba la entrada transparente
del tiempo. Igual que un sátrapa poderoso y altivo,
subes a los adarves para ver acercarse,
desde los arenales suaves del horizonte,
al mercader oscuro con la noche en los ojos.
Las lentas caravanas con los cedros del Líbano.
Fuente: digitalplural.com.mx