Si nombras este fuego, el límite es el margen, pero no se han quemado las hojas ni la pluma. Si nombras este llanto, no se…
Entresueños
Hacía ya algún tiempo que el reloj era sombra.
Tras los visillos caminaba el vértigo
y el crepúsculo echaba los cerrojos.
Cuando ya las paredes retorcían,
entre gruñidos tiernos, sus espaldas
-a punto de perderse los perfiles-,
las columnas del sueño se alzaron luminosas
y rebotaron entre las tinieblas.
En la sombra, las rosas subrayaban
la decisión final de algún camino.
La mano encontró el hilo, tanteando,
y la cara del tiempo dejó caer las once.
Tras los visillos caminaba el vértigo
y el crepúsculo echaba los cerrojos.
Cuando ya las paredes retorcían,
entre gruñidos tiernos, sus espaldas
-a punto de perderse los perfiles-,
las columnas del sueño se alzaron luminosas
y rebotaron entre las tinieblas.
En la sombra, las rosas subrayaban
la decisión final de algún camino.
La mano encontró el hilo, tanteando,
y la cara del tiempo dejó caer las once.
Fuente: digitalplural.com.mx