Que otras veces amé negar no puedo, pero entonces amor tomó conmigo la espada negra, como diestro amigo, señalando los golpes en el miedo. Mas…
En una playa amena
En una playa amena,
a quien el Turia perlas ofrecía
de su menuda arena,
y el mar de España de cristal cubría,
Belisa estaba a solas,
llorando al son del agua y de las olas.
«¡Fiero, cruel esposo!»,
los ojos hechos fuentes, repetía,
y el mar, como envidioso,
a tierra por las lágrimas salía;
y alegre de cogerlas,
las guarda en conchas y convierte en perlas.
«Traidor, que estás ahora
en otros brazos y a la muerte dejas
el alma que te adora,
y das al viento lágrimas y quejas,
si por aquí volvieres,
verás que soy ejemplo de mujeres.
Que en esta mar furiosa
hallaré de mi fuego la templanza,
ofreciendo animosa
al agua el cuerpo, al viento la esperanza;
que no tendrá sosiego
menos que en tantas aguas tanto fuego.
¡Ay tigre!, si estuvieras
en este pecho donde estar solías,
muriendo yo, murieras;
mas prendas tengo en las entrañas mías
en que verás que mato,
a falta de tu vida, tu retrato».
Ya se arrojaba, cuando
salió un delfín con un bramido fuerte,
y ella, en verle temblando,
volvió la espalda al rostro y a la muerte,
diciendo: «Si es tan fea,
yo viva, y muera quien mi mal desea».
a quien el Turia perlas ofrecía
de su menuda arena,
y el mar de España de cristal cubría,
Belisa estaba a solas,
llorando al son del agua y de las olas.
«¡Fiero, cruel esposo!»,
los ojos hechos fuentes, repetía,
y el mar, como envidioso,
a tierra por las lágrimas salía;
y alegre de cogerlas,
las guarda en conchas y convierte en perlas.
«Traidor, que estás ahora
en otros brazos y a la muerte dejas
el alma que te adora,
y das al viento lágrimas y quejas,
si por aquí volvieres,
verás que soy ejemplo de mujeres.
Que en esta mar furiosa
hallaré de mi fuego la templanza,
ofreciendo animosa
al agua el cuerpo, al viento la esperanza;
que no tendrá sosiego
menos que en tantas aguas tanto fuego.
¡Ay tigre!, si estuvieras
en este pecho donde estar solías,
muriendo yo, murieras;
mas prendas tengo en las entrañas mías
en que verás que mato,
a falta de tu vida, tu retrato».
Ya se arrojaba, cuando
salió un delfín con un bramido fuerte,
y ella, en verle temblando,
volvió la espalda al rostro y a la muerte,
diciendo: «Si es tan fea,
yo viva, y muera quien mi mal desea».
Fuente: digitalplural.com.mx