- Sí, hube de gozar ambos placeres, padecer ambas inhibiciones, concebir besar y ser besado; hube de amar cada vez lo contrario, lo complementario que…
Elogio de las cosas
I
No me preguntéis por las cosas.
No ven mis ojos sino lo blanco,
la hoja en que transcribo una turgencia.
No ven sino lo que adivino, una
cándida luz, una esperanza.
Y de nada de esto
me dan razón las cosas.
II
Sólo un silencio nos llega de las cosas
que una vez nos colmaron. Cuando
volvemos a contemplarlas,
allá en el tiempo claro de la memoria,
nos hablan en silencio del antiguo
calor de sus maderas: sus texturas susurran
sin palabras
— nos preñan —
el motivo que una vez las preñara.
Y es como un grito ese silencio
que nos llega de las cosas,
cuando nuestros ojos acarician
calladamente
el escondido estupor de sus materias brutas.
No me preguntéis por las cosas.
No ven mis ojos sino lo blanco,
la hoja en que transcribo una turgencia.
No ven sino lo que adivino, una
cándida luz, una esperanza.
Y de nada de esto
me dan razón las cosas.
II
Sólo un silencio nos llega de las cosas
que una vez nos colmaron. Cuando
volvemos a contemplarlas,
allá en el tiempo claro de la memoria,
nos hablan en silencio del antiguo
calor de sus maderas: sus texturas susurran
sin palabras
— nos preñan —
el motivo que una vez las preñara.
Y es como un grito ese silencio
que nos llega de las cosas,
cuando nuestros ojos acarician
calladamente
el escondido estupor de sus materias brutas.
Fuente: digitalplural.com.mx