El piano al mediodía, solo, de álamo en álamo la música, de resol en penumbra, no se levanta, no remonta, se cae del ala, pía,…
Elegía con un poco de amargura
Ésta es otra elegía, pero
dedicada a un hombre desagradable,
vecino mío, que nunca
quiso saludarme.
No sé, por tanto, cómo se llamaba.
Cara de limón, cara de perro malo,
jamás se rebajó a mirarme
siquiera. Vivíamos
los dos en la misma calle.
Un día tras otro nos desencontrábamos.
Primero por la mañana, y luego
por la tarde.
Se murió, y,
naturalmente,
dejó de no saludarme.
Ayer lo vi venir tan él como de costumbre
y me alegró que todo fuese igual que antes.
Pero no era ni por la tarde ni por la mañana,
y en cuanto a él, tampoco era él,
como adrede.
dedicada a un hombre desagradable,
vecino mío, que nunca
quiso saludarme.
No sé, por tanto, cómo se llamaba.
Cara de limón, cara de perro malo,
jamás se rebajó a mirarme
siquiera. Vivíamos
los dos en la misma calle.
Un día tras otro nos desencontrábamos.
Primero por la mañana, y luego
por la tarde.
Se murió, y,
naturalmente,
dejó de no saludarme.
Ayer lo vi venir tan él como de costumbre
y me alegró que todo fuese igual que antes.
Pero no era ni por la tarde ni por la mañana,
y en cuanto a él, tampoco era él,
como adrede.
Fuente: digitalplural.com.mx