El paraguas en el piso, desmayado en su estatura negra, me había dicho: lo siento. Advierte el cristal un ave que con ademanes blancos vuela…
Corona
La llovizna partió.
En el cuarto, viejo
baúl de la noche, nicho,
mi vida se amontonaba.
(Allí, recuerdos
de sol nunca
llegaron).
Nadé hasta la última sombra
donde el nombre no soporta
su ventura: esperar
lo imposible
despacio.
Hallé una corona. Agazapada
en su seno la memoria,
esférica penitencia
oscurecida. La llovizna,
ya sin agua,
me esperaba.
En el cuarto, viejo
baúl de la noche, nicho,
mi vida se amontonaba.
(Allí, recuerdos
de sol nunca
llegaron).
Nadé hasta la última sombra
donde el nombre no soporta
su ventura: esperar
lo imposible
despacio.
Hallé una corona. Agazapada
en su seno la memoria,
esférica penitencia
oscurecida. La llovizna,
ya sin agua,
me esperaba.
Fuente: digitalplural.com.mx