Marilina Rebora
Poeta Lirismo introspectivo Argentina

Marilina Rebora

📄 68 poemas

Marilina Rébora: La Voz Íntima y Mística de la Poesía Argentina La Voz Íntima y Mística de la Poesía Argentina Introducción Marilina Rébora emerge en el paisaje literario argentino como una figura singular que privilegia la exploración del alma sobre…

Marilina Rébora: La Voz Íntima y Mística de la Poesía Argentina

La Voz Íntima y Mística de la Poesía Argentina

Introducción

Marilina Rébora emerge en el paisaje literario argentino como una figura singular que privilegia la exploración del alma sobre las corrientes dominantes de su tiempo. Nacida en Buenos Aires en 1919 y fallecida en la misma ciudad en 1999, esta poeta y pintora construyó una obra discreta pero de gran profundidad emocional, donde la fe cristiana se entreteje con la inquietud existencial y el amor maternal. Su poesía, que comenzó a publicarse de manera sostenida a partir de los años sesenta, ofrece un contrapunto sereno a las agitaciones sociales y políticas de la segunda mitad del siglo XX en América Latina.

Lejos de buscar el reconocimiento masivo o adherirse a movimientos colectivos, Rébora cultivó una creación personal y contemplativa que resuena con especial intensidad en lectores contemporáneos. Sus versos capturan la fragilidad de la existencia humana, la belleza efímera de los momentos cotidianos y la esperanza que brota del encuentro con lo trascendente. Como artista plástica de formación sólida, infundió en su poesía una dimensión visual que transforma cada imagen en una composición luminosa y táctil. Hoy, su legado invita a redescubrir el valor de la introspección en una era saturada de ruido, posicionándola como una de las voces más auténticas y sutiles de la lírica femenina argentina del siglo XX.

Contexto Histórico y Estilo

Marilina Rébora desarrolló su obra en un contexto histórico marcado por profundas transformaciones en Argentina y América Latina: desde el peronismo hasta las dictaduras militares y el retorno a la democracia. Sin embargo, optó por mantenerse al margen de las vanguardias experimentales, el realismo social o el compromiso político que caracterizaron a muchos de sus contemporáneos. Su trayectoria se alinea con una tradición de poesía lírica intimista y confesional, que privilegia la experiencia personal y espiritual por encima de las modas estéticas.

Lo distintivo de su voz radica en la integración armónica entre su vocación pictórica y su destreza verbal. Habiendo estudiado con maestros como Horacio Butler, Ernesto Riccio y Vicente Puig, Rébora aplicó a la poesía las mismas cualidades de observación detallada y sensibilidad cromática que caracterizaban su pintura. Sus poemas suelen emplear estructuras métricas clásicas —sonetos, estrofas regulares, ritmos endecasílabos— que contienen emociones intensas con elegancia y contención. Los temas recurrentes incluyen la ansiedad ante la vida y la muerte, el diálogo directo con Dios, la ternura hacia los hijos, la nostalgia por lo perdido y una búsqueda de libertad interior que desafía sutilmente las expectativas tradicionales impuestas a la mujer de su época.

Su estilo se distingue por el uso frecuente del apóstrofe (dirigiéndose a la Muerte, a Cristo o al lector), metáforas orgánicas inspiradas en la naturaleza y el mar, y un tono conversacional que genera cercanía emocional. Evita la grandilocuencia y opta por la claridad y la precisión, logrando que lo cotidiano se eleve a lo universal. Esta fusión de tradición formal con sensibilidad moderna hace de su poesía un espacio de refugio y meditación, donde el lector encuentra consuelo en la honestidad del sentimiento expresado.

Análisis de Obras Cumbre

Ansiedad

Ansia de estar un día en un puente de mando,
recibir en el rostro el castigo del viento;
sin ninguna arribada, por siempre navegando,
sin dudas ni temores, cansancio o desaliento.
Y no saber siquiera, en qué forma, ni cuándo,
ha de concluir el viaje -en milagro de cuento-;
ni cuándo retornar a éste mi lecho blando,
ni a la antigua ventana, ni al dorado aposento.
Acres de sal los labios, ruda racha en la frente,
perdido el horizonte, sin destino la nave,
sin nada que la guíe, sin nadie que la oriente,
mecida por las olas, columpiada en la cresta,
apenas sobre el mástil las alas de algún ave;
sólo el rumor del mar, y Dios como respuesta.

Este soneto encapsula el anhelo por una existencia liberada de las ataduras cotidianas, transformando la inquietud en una aceptación serena ante lo divino. El sentimiento central es una mezcla de deseo aventurero y resignación confiada. La metáfora náutica extendida domina el poema: la vida como travesía sin puerto fijo, donde el viento, la sal y las olas simbolizan las pruebas humanas, culminando en la presencia tranquilizadora de Dios. Rébora convierte la angustia en plegaria, demostrando cómo la fe puede otorgar sentido a la incertidumbre.

A la Muerte

I
Muerte,
fatal término, ausencia por siempre.
Sólo el campo yermo que nos recibe,
de su tierra, nuevo abono.
Nunca más la fragancia de la brizna de hierba
ni el arder de encendidos leños;
tampoco la fina llovizna de la ola rompiente
en el rostro de frescura ávido.

II
«Era nuestra madre», dirán después los hijos
con ternura en los ojos.
El dolor de la ausencia, olvidados objetos
mañana joyas auténticas.
«Ella decía…», repetirán las frases
antes molestas
a causa de desgano
o ansias de silencio
o sueños de libertad.
Sílabas musicales enhebrarán palabras en recuerdos imperiosos,
desesperación de volver a vivir en el tiempo…
Tarda respuesta a un canto de amor.
«¿Recuerdas aquel gesto?
»¿Y su sonrisa triste?
»¿Y su pensamiento fijo en nosotros?
»¿Sus manos, suavidad de alas rozando nuestros rostros?
»¿El paso quedo junto a nuestro lecho en la alta noche
y el murmullo de plegaria para encomendarnos a Dios?»

III
Poco a poco el ausente
más lejos cada vez en el recuerdo
-que alguien siempre lo reemplaza-;
sus cosas van perdiendo la fragancia que de él se desprendía,
impregnándolas;
la manera de inclinarlas no es la misma
y en el tiempo
va cambiándoselas de sitio.
Cada día su nombre acude menos al labio.
Las lágrimas en manantial ya no brotan;
tan sólo de a una
que se enjuga furtiva.
Hasta que todas secan
agotada la fuente de dolor.
Un velo cubre entonces la imagen en la retina,
la maleza oculta la antes nítida figura en todo paisaje,
visten los ambientes colores de seres distintos
que distraen,
va el alma tras vivencias nuevas.
Y un día
se llora el olvido.
(Tú, Muerte tan temida,
sólo eres un pretexto:
el olvido es más cruel que tu guadaña.)

Dividido en tres partes, este poema medita sobre la muerte y el proceso del duelo. Predomina un sentimiento de melancolía resignada que evoluciona hacia la dolorosa revelación del olvido humano. La personificación de la Muerte y las metáforas orgánicas —el olvido como maleza, el dolor como fuente que se agota— estructuran la reflexión. Rébora humaniza la pérdida al mostrar cómo los recuerdos se diluyen inevitablemente, convirtiendo la muerte en un mero catalizador de la verdadera tragedia: el desvanecimiento de la memoria afectiva.

A mi hijo

Alguien dijo que recuerdas
un niñito de Murillo,
y en verdad que lo pareces
por tu gracia y por tus rizos.
Tienes cabellos castaños,
ensortijados y finos
con algo de oro en las sienes,
como si fuera rocío.
La tez pálida y morena,
negros ojos expresivos
que miran llenos de asombro,
como miran los del niño.
Estabas con tus juguetes,
de pie sobre el ancho piso,
cuando te vi de repente
junto al blanco corderillo;
y al mismo tiempo la imagen
que tuviera en el olvido
apareció viva y fuerte,
tan clara como un prodigio.
Sin perder un solo instante,
entré de un salto al recinto
y trepando como pude
saqué el Cristo de su sitio,
colocándolo a tu lado
según era mi designio.
Y después, en un arranque
de ternura y de cariño,
orgullosa más que nunca
de mi hijo y de mi niño,
exclamé dándote un beso
en ese rostro tan lindo:
«¡Eres el San Juan Bautista
más delicioso que he visto!»

Este poema celebra la maternidad con alegría devota y mirada artística. El sentimiento dominante es de ternura orgullosa y admiración casi sagrada. El símil pictórico —comparar al hijo con un niño de Murillo y luego con San Juan Bautista— refleja su formación como pintora, elevando una escena doméstica a composición religiosa. Rébora fusiona lo cotidiano con lo divino, transformando el amor materno en un acto de contemplación espiritual y celebración de la inocencia.

Legado y Curiosidades

El legado de Marilina Rébora reside en su compromiso con una poesía auténtica y despojada de artificios, que prioriza la verdad interior sobre el espectáculo literario. Su obra inspira a quienes buscan en la poesía un espacio de reflexión espiritual y emocional, y su doble condición de poeta y pintora enriquece la tradición hispanoamericana con una sensibilidad visual única.

Tres aspectos poco conocidos de su vida marcaron profundamente su creación. Primero, su formación pictórica formal le permitió dotar a sus poemas de imágenes vívidas y composiciones luminosas, convirtiendo cada verso en una estampa plástica. Segundo, compuso poemas en francés desde su adolescencia, influida por el entorno diplomático de su familia, lo que aportó un refinamiento cosmopolita a su expresión mística. Tercero, mantuvo una vida de extrema discreción, rechazando adhesiones a grupos literarios y dejando más de veinte obras inéditas que solo póstumamente han visto la luz, preservando así la pureza y la independencia de su voz creativa.

Preguntas Frecuentes

¿Cuáles son los temas principales en la obra de Marilina Rébora?

La espiritualidad cristiana, la ansiedad existencial, la reflexión sobre la muerte, el amor maternal y la búsqueda de libertad interior a través de la fe y la introspección personal constituyen los ejes centrales de su poesía.

¿A qué generación o corriente literaria se asocia Marilina Rébora?

Aunque vivió y escribió durante el siglo XX en Argentina, no se adscribió a ninguna generación específica ni a grupos literarios. Su estilo se inscribe en la poesía lírica intimista y confesional, con empleo de formas clásicas como el soneto dentro de una tradición personal y profundamente mística.

¿De qué manera influyó su formación como pintora en su producción poética?

Su entrenamiento en dibujo y pintura le permitió incorporar a los versos una riqueza visual excepcional: luz, color, texturas y composiciones plásticas que hacen que sus poemas se perciban como verdaderos cuadros verbales, cargados de sensibilidad y profundidad emocional.

Biblioteca

Poemas de Marilina Rebora (68)

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Alguien dijo que recuerdas un niñito de Murillo, y en verdad que lo pareces por tu gracia y por tus rizos. Tienes cabellos castaños, ensortijados…

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Ansia de estar un día en un puente de mando, recibir en el rostro el castigo del viento; sin ninguna arribada, por siempre navegando, sin…

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