Decimos lo que decimos para que la muerte no tenga la última palabra. ¿Pero tendrá la muerte el último silencio? Hay que decir también el…
Duodécima poesía vertical (29)
El soplo de luz, el temblor concentrado
que brota de ciertos encuentros
contradice a veces su propia brevedad
y se extiende como una alquimia lenta
por todo el resto de la vida.
Poseer así para siempre
algo que nunca se tuvo
y nunca se tendrá,
cambia la condición del hombre,
modifica sus límites.
Unas veces las manos se tocan
y otras ni siquiera se tocan.
Los ojos sí se tocan
o algo que está atrás de los ojos.
Pero poseer así, tocar así,
abrevia un rincón de la eternidad
y lo hace caber en la celda que habitamos.
Tal vez esté allí la sabiduría del amor,
rescatada de los incendios que lo devastan.
que brota de ciertos encuentros
contradice a veces su propia brevedad
y se extiende como una alquimia lenta
por todo el resto de la vida.
Poseer así para siempre
algo que nunca se tuvo
y nunca se tendrá,
cambia la condición del hombre,
modifica sus límites.
Unas veces las manos se tocan
y otras ni siquiera se tocan.
Los ojos sí se tocan
o algo que está atrás de los ojos.
Pero poseer así, tocar así,
abrevia un rincón de la eternidad
y lo hace caber en la celda que habitamos.
Tal vez esté allí la sabiduría del amor,
rescatada de los incendios que lo devastan.
Fuente: digitalplural.com.mx