En los frescos lagares duerme el zumo oloroso de las uvas maduras. Turbador, amoroso, es el vapor que sube de los frescos lagares. ¡Y tu…
Sobremesa alegre
La viejecita ríe como una muchachuela,
contándonos la historia de sus días más bellos.
Dice la viejecita: «¡Oh, qué tiempos aquellos
cuando yo enamoraba a ocultas de la abuela!»
La viejecita ríe como una picaruela
y en sus ojillos brincan maliciosos destellos
¡Qué bien luce la plata de sus blancos cabellos
sobre su tez rugosa de color de canela!
La viejecita olvida todo cuanto la agobia
y ríen las arrugas de su cara bendita
y corren por su cuerpo deliciosos temblores.
Y mi novia me mira y yo miro a mi novia,
y reímos, reímos… mientras la viejecita
nos refiere la historia blanca de sus amores.
contándonos la historia de sus días más bellos.
Dice la viejecita: «¡Oh, qué tiempos aquellos
cuando yo enamoraba a ocultas de la abuela!»
La viejecita ríe como una picaruela
y en sus ojillos brincan maliciosos destellos
¡Qué bien luce la plata de sus blancos cabellos
sobre su tez rugosa de color de canela!
La viejecita olvida todo cuanto la agobia
y ríen las arrugas de su cara bendita
y corren por su cuerpo deliciosos temblores.
Y mi novia me mira y yo miro a mi novia,
y reímos, reímos… mientras la viejecita
nos refiere la historia blanca de sus amores.
Fuente: digitalplural.com.mx