¡Ciudad mía! Hablo de ti, de tu opulento parque. Allí, donde tus árboles crecían con la misma ternura que mi infancia. Hojas...pájaros...ramas desprendidas por un…
Y nos llegó la hora…
Y nos llegó la hora de bailar. La música caía como
lluvia agitada y un mar en nuestros muslos acentuaba
el vértigo. Llegó la savia nueva con un ritmo de trópicos
y germinó en la piel. Olvidamos la sarga y la estameña
y nos cubrimos ágiles con la encendida pulpa del
tamarindo.
lluvia agitada y un mar en nuestros muslos acentuaba
el vértigo. Llegó la savia nueva con un ritmo de trópicos
y germinó en la piel. Olvidamos la sarga y la estameña
y nos cubrimos ágiles con la encendida pulpa del
tamarindo.
Fuente: digitalplural.com.mx