¡Ciudad mía! Hablo de ti, de tu opulento parque. Allí, donde tus árboles crecían con la misma ternura que mi infancia. Hojas...pájaros...ramas desprendidas por un…
Para contar cualquier historia…
Para contar cualquier historia vieja. Para que el tiempo
reconozca que sangre, o grito, o verso es vida. Para de-
cir tu nombre y no caer en un proyecto de monotonía. Pa-
ra que las flores de Baudelaire encuentren esa capacidad
de asombro y abrir al hombre a una memoria compartida.
Para que las palabras que evitan desangrarse pierdan esa
solemnidad de pompas de jabón. Para que este dolor de
piedra y ala que se alza desde el pecho hasta la luna
encuentre la cicatriz precisa. Para que este miedo con
percusión oscura de campanas se seque al sol. Para que
esto y aquello no se nos vuelva añicos, debemos usar
algo la locura.
Detesto a las abejas desde niña porque jamás poseerán
los mares.
reconozca que sangre, o grito, o verso es vida. Para de-
cir tu nombre y no caer en un proyecto de monotonía. Pa-
ra que las flores de Baudelaire encuentren esa capacidad
de asombro y abrir al hombre a una memoria compartida.
Para que las palabras que evitan desangrarse pierdan esa
solemnidad de pompas de jabón. Para que este dolor de
piedra y ala que se alza desde el pecho hasta la luna
encuentre la cicatriz precisa. Para que este miedo con
percusión oscura de campanas se seque al sol. Para que
esto y aquello no se nos vuelva añicos, debemos usar
algo la locura.
Detesto a las abejas desde niña porque jamás poseerán
los mares.
Fuente: digitalplural.com.mx