Aquí estoy, aguardando por tu herida, donde pulsa el amor laúd de horas, con mi dolor de sol y primavera, con mi dolor de flor…
Madrigales (II)
Llena de dulcedumbre,
te dejaré la flauta de mi cuerpo,
su murmúreo penar alejandrino,
el sigiloso arroz de mis mejillas. Y,
de mi oculto lagar, te daré vino
umbroso, fiel, sereno.
te dejaré la flauta de mi cuerpo,
su murmúreo penar alejandrino,
el sigiloso arroz de mis mejillas. Y,
de mi oculto lagar, te daré vino
umbroso, fiel, sereno.
Fuente: digitalplural.com.mx