Han caído las torres, y el desierto es ahora tan grande como el alma: esas torres que alcé y ese desierto que quise mantener lejos…
El cautivo
Dioses bajo la luz celeste y pura
luchan en la cubierta de la nave.
Escucho sólo el ruido de las armas
mientras intento ver desde lo oscuro.
Sólo el eco merece mi ceguera
e imagino el combate que no vivo.
luchan en la cubierta de la nave.
Escucho sólo el ruido de las armas
mientras intento ver desde lo oscuro.
Sólo el eco merece mi ceguera
e imagino el combate que no vivo.
Fuente: digitalplural.com.mx