Recuerdos: la mano que rasuraba su vientre, la que oponía el éter a su boca, un rápido sopor, las voces, los contornos borrándose Nada después.…
Almendras amargas
Viento, viento de nuevo en la tarde de octubre.
Mirando la calle pensaba en la muerte.
La muerte y él. Dos trazos paralelos
que no habrían de cruzarse
ni en el más improbable infinito.
Los fármacos, la fiebre, la tos.
La ventisca, la hojarasca.
Las convulsiones de fuera y las de dentro.
Señales de vida tan ciertas
como el viento en la tarde de octubre
y ese olor a almendras amargas en su alcoba
antes y después de su fallecimiento.
Mirando la calle pensaba en la muerte.
La muerte y él. Dos trazos paralelos
que no habrían de cruzarse
ni en el más improbable infinito.
Los fármacos, la fiebre, la tos.
La ventisca, la hojarasca.
Las convulsiones de fuera y las de dentro.
Señales de vida tan ciertas
como el viento en la tarde de octubre
y ese olor a almendras amargas en su alcoba
antes y después de su fallecimiento.
Fuente: digitalplural.com.mx