Si amarga el dedo sed para mi labio sufro al tocar tu frío como amigo si sierpe al corazón la hiel al hígado no me…
La cazadora
Mi señora, tan luego se levanta
va a cazar un venado matutino,
sin miedo a los colmilos del zaíno,
ni al mortal topetazo de la danta.
Entra con ojo alerta y firme planta
en la espesura donde no hay camino,
y de los matorrales, repentino,
salta un venado que su paso espanta.
Ella rápida apresta su escopeta,
veloz le apunta, le dispara y mata
-y después el marido-, que es poeta,
cuando regresa la mujer que adora,
en un someto clásico relata
la bella hazaña de la cazadora.
va a cazar un venado matutino,
sin miedo a los colmilos del zaíno,
ni al mortal topetazo de la danta.
Entra con ojo alerta y firme planta
en la espesura donde no hay camino,
y de los matorrales, repentino,
salta un venado que su paso espanta.
Ella rápida apresta su escopeta,
veloz le apunta, le dispara y mata
-y después el marido-, que es poeta,
cuando regresa la mujer que adora,
en un someto clásico relata
la bella hazaña de la cazadora.
Fuente: digitalplural.com.mx