(Homenaje a Chuang Tzu) Anoche te soñé. Llevabas una gabardina de piel, y abajo nada. Era otoño y estabas empapada de lluvia; caminabas en alguna…
La invitada
Tienes que detenerla
–dijo. Su voz temblaba
con pasión. Me gustaba
aquel temblor; el verla
actuar así, tenerla
cerca mientras mudaba
su gesto, confortaba.
Tienes que detenerla
–insistió. Ya es muy tarde,
no lo puedo evitar
–le respondí–, no hay nada
que hacer. En un alarde
teatral, fingió llorar
aunque reía, helada.
–dijo. Su voz temblaba
con pasión. Me gustaba
aquel temblor; el verla
actuar así, tenerla
cerca mientras mudaba
su gesto, confortaba.
Tienes que detenerla
–insistió. Ya es muy tarde,
no lo puedo evitar
–le respondí–, no hay nada
que hacer. En un alarde
teatral, fingió llorar
aunque reía, helada.
Fuente: digitalplural.com.mx