Bajo el ardiente luminar del trópico, como el hidalgo Caballero Andante, jinete en ilusorio rocinante, sueña don Ñuflo con un país utópico. En la pupila…
La casa solariega
Mordiendo la granítica quebrada
se yergue la casona solariega,
alba de sol, con la pupila ciega,
y su techumbre de ala ensangrentada.
Con rumores de espuma la cascada
sus vetustas murallas enjalbega,
y en luminoso tornasol despliega
su cola el pavo real de la cañada.
Su arquitectura colonial evoca
la altiva estampa de un hidalgo huraño,
que vivió preso en su cabeza loca.
Un Gran Danés en el portal bravea,
y se desborda el mugidor rebaño,
atropellando la silente aldea.
se yergue la casona solariega,
alba de sol, con la pupila ciega,
y su techumbre de ala ensangrentada.
Con rumores de espuma la cascada
sus vetustas murallas enjalbega,
y en luminoso tornasol despliega
su cola el pavo real de la cañada.
Su arquitectura colonial evoca
la altiva estampa de un hidalgo huraño,
que vivió preso en su cabeza loca.
Un Gran Danés en el portal bravea,
y se desborda el mugidor rebaño,
atropellando la silente aldea.
Fuente: digitalplural.com.mx