Apuntamos aquel cielo que se nos desplomaba, verdinegro. Los que pasaban a lo lejos eran -sombras chinescas en la pantalla del crepúsculo- nuestras sombras en…
Sombra
Mi estrella -óyela correr- se apagó hace años. Nadie sabría ya de dónde llega su luz, entre los dedos de la distancia. Te he hablado ya, Natanael, de los cuerpos sin sombra. Mira ahora, mi sombra sin cuerpo. Y el eco de una voz que no suena. Y el agua de ese río que, arriba, está ya seco, como al cerrarle de pronto la llave al surtidor, el chorro mutilado sube un instante todavía. Como este libro entre tus manos, Natanael.
Fuente: digitalplural.com.mx