Los que tenéis en tanto la vanidad del mundanal ruïdo, cual áspide al encanto del Mágico temido, podréis tapar el contumaz oído. Porque mi ronca…
DESPUÉS QUE NO DESCUBREN
Después que no descubren su lucero
mis ojos lagrimosos noche y día,
llevado del error, sin vela y guía,
navego por un mar amargo y fiero.
El deseo, la ausencia, el carnicero
recelo, y de la ciega fantasía
las olas más furiosas a porfía
me llegan al peligro postrimero.
Aquí una voz me dice: cobre aliento,
señora, con la fe que me habéis dado
y en mil y mil maneras repetido.
Mas, -¿cuánto desto allá llevado ha el viento?,
respondo: y a las olas entregado,
el puerto desespero, el hondo pido.
mis ojos lagrimosos noche y día,
llevado del error, sin vela y guía,
navego por un mar amargo y fiero.
El deseo, la ausencia, el carnicero
recelo, y de la ciega fantasía
las olas más furiosas a porfía
me llegan al peligro postrimero.
Aquí una voz me dice: cobre aliento,
señora, con la fe que me habéis dado
y en mil y mil maneras repetido.
Mas, -¿cuánto desto allá llevado ha el viento?,
respondo: y a las olas entregado,
el puerto desespero, el hondo pido.
Fuente: digitalplural.com.mx