¿Por qué, Señora, el aire, el desafío, pierna y botín robustos y pecho de paloma? ¿Por qué, conquistadora, sobre los raros farallones de desiguales ángulos…
Ah, sabias cucharas, tenedores de madera, nobles jarros, aprenda vuestras texturas, vuestras fieles y viejas amistades con el fuego de la tarde y los aposentos…