"Mi peor enemigo, tú que me amas como una ciega lluvia que al caer escampa, arrecia, escampa. Mi enemigo, yo te corono amante, pueblo y…
En Paraguay prohibieron…
“En Paraguay prohibieron tu poesía;
mas te leí setenta veces cinco.
Y dije: No, señor; ninguna culpa,
ninguna prueba cierta de delito
yo encuentro en estos versos remojados
en el sudor con sal del hombre limpio;
la culpa, en todo caso, es de nosotros,
de nuestro fatuo corazón de vidrio.
Y en tanto te prohibían, tu poesía
seguía trajinando los caminos,
tocando las aldabas de las puertas,
llamando a los transeúntes cual silbido.
La sal de tus poemas instalaba
en derredor del fuego aquel sentido
primero de las cosas: el deber
de compartir con todos pan y vino.
La luz encarcelada se hizo libre
en tu palabra suelta como un mirlo
a la que se sumaban las palabras
de los demás poetas, y fue río
entonces la canción de toda América.
Ya no hubo cuento que quedó sin niño.
Y el sol, moneda dura, se hizo gente.
Y se lavó la vida con rocío.
mas te leí setenta veces cinco.
Y dije: No, señor; ninguna culpa,
ninguna prueba cierta de delito
yo encuentro en estos versos remojados
en el sudor con sal del hombre limpio;
la culpa, en todo caso, es de nosotros,
de nuestro fatuo corazón de vidrio.
Y en tanto te prohibían, tu poesía
seguía trajinando los caminos,
tocando las aldabas de las puertas,
llamando a los transeúntes cual silbido.
La sal de tus poemas instalaba
en derredor del fuego aquel sentido
primero de las cosas: el deber
de compartir con todos pan y vino.
La luz encarcelada se hizo libre
en tu palabra suelta como un mirlo
a la que se sumaban las palabras
de los demás poetas, y fue río
entonces la canción de toda América.
Ya no hubo cuento que quedó sin niño.
Y el sol, moneda dura, se hizo gente.
Y se lavó la vida con rocío.
Fuente: digitalplural.com.mx