"Conduciendo el automóvil por la carretera, en medio de la noche la luz de los focos abriendo la noche, rasgando las tinieblas como una navaja,…
Camino polvoriento
“al principio es un pequeño pueblo cercano a una montaña
y hay una vida activa en él, los pobladores, que son pocos,
viven sus vidas, no demasiado felices ni animadas
pero todo es como el río: fluye con tranquilidad.
Luego llegan extrañas personas que no conoce nadie en el
pueblo
llegan y se instalan: una niña con un bebé que berrea
todo el día
mientras su madre, con aspecto de niña, grita, insulta,
grita sin parar,
se la ve muy nerviosa y hay un extraño vestido de negro
siempre,
alto, con sombrero y toga negros, camina por las calles de
polvo
y nunca habla. Los pobladores empiezan a cambiar y,
por consecuencia,
la vida en el pueblo cambia: ellos enferman de a poco
y no se sabe
de qué enferman, pero se les ve esperando, sentados y
vendados
en los bancos del parque, mirándose unos a otros o
mirando la montaña
y las camillas van, llevadas por las ramas de árboles
copudos,
la vida se estaciona y se detiene como un tren arribado
a destino
y no recuerdan nada de sus parientes ¿mi madre? dicen;
¿mi padre? dicen; ¿por dónde iba yo?; se despiertan de
sueños
y caen en otros sueños, hablan con los ojos cerrados
hubiera deseado, murmuran, pero la ceniza cae y todo
es turbio ahora.
y hay una vida activa en él, los pobladores, que son pocos,
viven sus vidas, no demasiado felices ni animadas
pero todo es como el río: fluye con tranquilidad.
Luego llegan extrañas personas que no conoce nadie en el
pueblo
llegan y se instalan: una niña con un bebé que berrea
todo el día
mientras su madre, con aspecto de niña, grita, insulta,
grita sin parar,
se la ve muy nerviosa y hay un extraño vestido de negro
siempre,
alto, con sombrero y toga negros, camina por las calles de
polvo
y nunca habla. Los pobladores empiezan a cambiar y,
por consecuencia,
la vida en el pueblo cambia: ellos enferman de a poco
y no se sabe
de qué enferman, pero se les ve esperando, sentados y
vendados
en los bancos del parque, mirándose unos a otros o
mirando la montaña
y las camillas van, llevadas por las ramas de árboles
copudos,
la vida se estaciona y se detiene como un tren arribado
a destino
y no recuerdan nada de sus parientes ¿mi madre? dicen;
¿mi padre? dicen; ¿por dónde iba yo?; se despiertan de
sueños
y caen en otros sueños, hablan con los ojos cerrados
hubiera deseado, murmuran, pero la ceniza cae y todo
es turbio ahora.
Fuente: digitalplural.com.mx